miércoles 21 de marzo de 2012

Los cuentos del abuelito Juan

Con una prosa ágil y precisa, Alexander Villar Sánchez cincela vigorosamente cuentos espléndidos que plasman costumbres y creencias que, de generación en generación, han estado presentes en nuestra literatura oral andina y que transmiten, a su vez, códigos de conducta y a menudo reflejan la cultura del hablante. En Los cuentos del abuelito Juan, con singular estilo y una prosa bien articulada, el autor utiliza magníficamente las armas literarias necesarias para cautivar y atrapar al lector en su hermosa telaraña narrativa. .

Una hermosa obraliteraria publicada por la Editorial Pasacalle.

Julián Rodríguez

viernes 9 de marzo de 2012

La marinera de Ricardo Vírhuez Villafane

El talentoso, osado, imparcial, objetivo y temerario escritor Ricardo Vírhuez Villafane (otrora columnista de La República), quien remeciera el periodismo nacional allá por el año 1996 al publicar su exitosa novela El Periodista, donde, fiel a su estilo e ideales, retratara sin temor a aquellos corruptos comunicadores que se vendieron a la mafia fujimontesinista, sufriendo persecuciones en Iquitos (lugar donde transcurre la trama) por algunos que se sintieron aludidos en su obra, nos presenta la segunda edición de su trabajo literario El campeón de marinera, donde la inexorable melancolía de un joven peruano por nuestra hermosa tierra y sus costumbres, y que vive en Nueva York, hace que éste, tras escuchar las profundas melodías de una marinera, decida regresar a su Trujillo natal. Estando ahí participa en el concurso nacional de marinera y pese a accidentes y amores perdidos gana el campeonato nacional.

En esta genial novela, Ricardo, con un lenguaje coherente, recrea con precisión los sinsabores de una historia de amor y una historia de pasión por la marinera. En esta novela, inspirada en él réquiem de los pasos celestiales que configuran y plasman la estética de esta hermosa danza, el autor intenta unir y resolver el conflicto en que el personaje principal se ve sumergido entre una ciudad cosmopolita, fría y moderna y la necesidad apremiante de volver tras los pasos perdidos en nuestro país inexpugnable, místico y exuberante matizado de costumbres que la engalanan y la convierten en un oasis paradisiaco, hermoso e inigualable.

El Campeón de marinera es un libro que, desde su publicación (por la editorial Pasacalle), se ha convertido ya en un éxito total capturando desde sus primeras líneas a sus ávidos lectores: grandes y chicos.

Intrépida, fascinante, cobijada de acompasadas emociones e imágenes románticas, así es el Campeón de marinera, imposible no leerla.

Julián Rodríguez

viernes 24 de febrero de 2012

Dantes, una obra poética de ensueño

“HAY UN CIERTO AMOR en esa humedad que deja el cansancio. Los carros pasan gris dentro de mis costillas y exhalo un cabello de mujer que me dejó la noche. En medio de todo hay un puente que divide algo de tristeza, algo de violencia, plantas gozosas de humo negro. Wmpapada de saliva un caracol recorre mi sueño bajo la neblina.”

*****

“Yo llevo caminos nunca terminados arena y un montón de palabras desperdiciadas como vidas a la sombra de las fábricas vacías. Me paro a descansar de este sol, de esta Lima, de ese amor que jode ya descuajeringado ya siempre termina chuseado.”

*****

Una vez más la prolífica pluma de Miguel Ildefonso nos conduce a un universo mágico con este delicioso poemario, el cual ha sido construido hábilmente con un lenguaje especial, rico en imágenes sucesivas, y cuya estructura y naturaleza nos advierten que son fuente constante de estudios y vivencias del autor.
Dantes es, pues, una obra poética de ensueño. Décimo y último libro de un talentoso arquitecto de las letras como lo es Miguel Ildefonso (poeta y narrador. Ganador de premios nacionales en poesía y narrativa). Con esta última entrega, Miguel se reafirma como una de las voces vivas más vigorosas de la literatura hispanoamericana y un referente a seguir por todos lo que amamos la poesía.

Julián Rodríguez


Poseedor de una fecunda producción literaria que abarca distintos géneros como la poesía, la narrativa y el ensayo, Miguel Ildefonso desarrolla —particularmente en poesía— un universo personalísimo que apela a la autobiografía, a la anécdota, al diálogo constante con los grandes maestros de la creación y a elementos de la cultura popular peruana y estadounidense para tejer una red de referentes intertextuales que se extiende a través de su obra para configurar un hipertexto donde la fragmentación, el collage, la sucesión de imágenes en forma recursiva y la unión de los contrarios abren y cierran puertas en esta gran casa que ha logrado edificar como el lugar donde habitan todas estas pulsiones. Miguel puede hablar desde la Av. Alfonso Ugarte, Cailloma, Camaná o Chacalón, pero también desde una Av. en Nueva York o desde Kavafis, Elvis o Pound, pues el territorio desde donde se enuncia siempre será el concerniente a su inividualidad: a su voz y a su particular modo de articular todos estos referentes en torno a una gran máquina viviente que intenta ser total apelando a la síntesis. En la escritura de Miguel no hay culturas superiores o inferiores, hay culturas. Hay diferencia. Y hay respeto por esa diferencia. Esta es una de las razones por la que su obra es una de las manifestaciones más auténticas surgidas en Hispanoamérica en los últimos años. Es síntesis, pero también un camino abierto. Una posibilidad que refulge en la noche sin fin.

Víctor Ruiz Velazco


Dantes es el décimo libro de poesía de una obra que, por voluntad personal o por destino, ha estado exclusivamente al servicio de la palabra. Las ideas de un artista pueden ser nebulosas, efímeras, o incluso erróneas —la historia humana a veces se construye en base al azar, y sigue siendo historia—. En tiendo, y no por temor al equívoco, que el arte de la poesía no está al servicio de las ideas, sino las ideas al servicio de aquella herramienta, que es, precisamente, el fundamento de su arte: la palabra. La poesía es o no es. Por ello, entre otras razones, mis constantes diálogos y homenajes, a lo largo de estos diez libros, a poetas, escritores y artistas en general, que nunca claudicaron en su misión, que supieron darle vida a la palabra, o palabra a la vida. ¿Qué pretendo con mis poemas? Si lo supiera con total certeza, seguramente lo haría mejor. O peor. La poesía siempre seguirá cautivándome con su misterio, solo comparable con el amor y con ciertos paisajes del Perú.

Miguel Ildefonso
Invierno, 2010

martes 7 de febrero de 2012

ROSAS Y PISTOLAS. Un espléndido ejercicio vitalista

Por Carlos Enrique Saldivar

Julián Rodríguez Cosme es un notable narrador y poeta que ya había sorprendido a propios y extraños con un libro excelente, El temerario, volumen con relatos perfectos que lo introdujo en el mundo literario. Los argumentos iban desde lo fantástico hasta el realismo con matices amorosos, o la violencia política. Luego vino un más que apreciable poemario titulado: El paisaje de tu cuerpo, donde el amor a la pareja y a la familia eran los temas fundamentales. Después pudimos gozar de esa excelente novela suya, Tragedia en los Andes, que contenía todo tipo de elementos: lo amoroso, la violencia, la realidad social, el mito del OVNI, el hecho histórico. Nunca dejaré de ensalzar las virtudes de dicha novela. Rodríguez Cosme no se detiene, sigue escribiendo y publicando, lo nuevo que nos trae es este efectivo libro de crónicas, anécdotas, algún cuento, como el que da título al libro y que resulta fabuloso tanto en forma como en contenido, una ficción de misterio con elementos fantásticos, ojalá el autor hubiese colocado más relatos en el volumen, el lector se queda con las ganas de más. Lo cierto es que Rosas y pistolas (el cuento) puede apreciarse como un certero ejercicio de autoficción pues, si lo comparamos con el resto de textos, el lector percibe que lo ocurrido no es real. Me hace recordar a los dos primeros relatos de El temerario, en los cuales el personaje principal se llamaba «Julián», como el autor, o la narración final de aquel cuaderno, El epitafio, en donde se deduce que el narrador en primera persona era un alter ego del escritor. Lo cierto es que Rosas y pistolas (el libro) en su conjunto no es autoficción, casi todos los textos son ejercicios vitales, es decir, son anécdotas hábilmente narradas, crónicas personales que nos dan a conocer el mundo interior del autor, nos brindan rasgos de «Julián Rodríguez», como escritor, como artista, como ser humano. Los temas son variados, van desde el asunto literario, hasta el tema musical, lo romántico, lo vivencial, los deseos escondidos, las reflexiones, todo con un excelente lenguaje y con un estilo que conecta fácilmente con el receptor. Destaco del conjunto, El escritor y sus fantasmas, donde el autor analiza algunas verdades sobre el tema escritural, los novelistas cuentan mentiras disfrazadas de verdades, los escritores deben ser lectores compulsivos, todo cierto. Como mencioné, el lector puede resentirse ante la brevedad de tan inspiradoras historias. Otra crónica que considero excelente es Los libros que perdí, sencilla, evocadora, muy personal, resulta descollante como tanta suavidad puede llevarnos a una intensa reflexión acerca del libro como objeto físico, a analizar la realidad de las librerías y el costo elevado de los volúmenes, a meditar acerca de lo lejana que puede estar la cultura de la clase pobre. También hay una intensa aventura romántica que enternece, Mi chica del facebook, la recomiendo mucho. Podría resultar un tanto excesivo el tema religioso mencionado, por ejemplo, en Ladrón de amor, pero los que conocemos al autor sabemos que esto tiene una razón, que esta religiosidad, humildad, espiritualidad devienen de hechos personales muy ligados a su salud, la cual se espera mejore en los años venideros ya que muchos esperamos nuevas creaciones salidas de la pluma de este buen amigo y artista. De momento tenemos a Rosas y pistolas, un solvente conjunto, una lección de vida, fragmentos del alma y mente de un creador novedoso.

Rodríguez, Julián. Rosas y pistolas. Lima: Editorial Pasacalle, 2011. 57 pp.

Comentario ESCRITO

por Carlos Enrique Saldivar


Imágenes de la presentación del libro realizada el 26 de enero en La Casa de la Literatura Peruana

Julián Rodríguez presentando su libro


Carlos Enrique Saldivar comentando el libro Rosas y Pistolas


En el bar El Cordano, luego de la presentación

lunes 26 de diciembre de 2011

Solo un punto, la desenfadada novela de Julio Meza Díaz

Un grupo de adolescentes (los más débiles, los más marginados, los más incomprendidos y los menos famosos) pululan con cautela y con un temor desmedido en el San Agusto, un colegio hostil dominado por la prepotencia y la discriminación de sus profesores y alumnos. Este grupo reducido, después de haber sido vilipendiado física y psicológicamente, idean una venganza para rescatar su honor perdido: publicar una revista es la respuesta. ¿Podrán vengarse de los tiranos del San Agusto con una revista? ¿Lo lograrán o morirán en el intento?
Solo un punto es una novela irreverente narrada con el talento y desparpajo que caracteriza a su autor, y que conducirá al lector al difícil y enmarañado mundo de la adolescencia. Julio Meza Díaz ha estructurado su novela con suma maestría de tal forma que nos atrapa desde sus primeras líneas. El autor, recordándonos a Saramago, se da el lujo de obviar los nombres de los múltiples personajes. Sólo la exhaustiva descripción que hace de cada uno de ellos permite que el lector los identifique claramente. En lugar de los nombres los personajes son mencionados por las denominaciones descriptivas, como el Amigo Talentoso, el Padre Director, Él, la Mujer del Calzón, la Buena Amiga o el Niño Bonito. En vista de sus rasgos y actitudes, algunos de estos nombres son marcadamente irónicos ("el Italiano Salvaje", “la profesora Negra Sibarita”, “El Maldito”, “el Andino Profundo”, entre otros).
En su obra, Julio Meza Díaz se permite reflexionar sobre la psicología individual y al mismo tiempo sobre la grupal o sociología de toda la comunidad del colegio en mención, ocupando el suspenso como vehículo de la trama y en algunos momentos el erotismo; al final Meza Díaz combina elementos de distintos géneros para crear y sustentar su obra, en la cual abundan reflexiones y análisis de situaciones diarias que se dan en un grupo social compuesto en su mayoría por adolescentes.
Solo un punto es una hermosa entrega de Calcomanía del Grupo Editorial Mesa Redonda, imposible dejar de leerla.

Julián Rodríguez

sábado 17 de diciembre de 2011

Mi chica del Facebook

Miércoles. 2 de noviembre. 2011. Estoy acomodado en un asiento del bus que va a Lima. El chofer acaba de encender el motor y ya estamos en marcha. Calculo que en dos horas estaré en la capital. Son las tres de la tarde. A las 5:30 p.m. me encontraré con Sofía. Hemos acordado vernos en el restaurante Atlantic, frente a la Plaza Mayor. Primero degustaremos un cafecito (quizá un capuchino, me dijo que le encantaba), luego caminaremos un rato, entraremos al cine, y de esa forma nos iremos conociendo más.
Estoy emocionado porque es la primera vez que la veré en persona. Ya que sólo la conozco vía internet, poco más de año y medio.
Recuerdo todavía esa hermosa tarde cuando, a través de mi Smartphone, entré al Facebook y apareció ante mi vista un mensaje que decía: “Sofía quiere ser tu amiga”. Debajo se mostraba dos opciones: “CONFIRMAR” y “AHORA NO”.
A primera impresión su nombre despertó en mí una deliciosa curiosidad. El nombre Sofía siempre ha sido de mi agrado. Sofía, sabiduría. Qué nombre tan bello para una dama. Será también por eso que intuí que detrás de ese nombre había una hermosa mujer, pues en la Nokia E5, en el Facebook, no aparece el rostro de la persona que quiere formar parte del círculo de tus amigos. Así que hice clic sobre el nombre para ver el perfil y algunas fotos de aquella mujer que quería ser mi amiga virtual. No me equivoqué: en el perfil de Sofía López se mostraba la foto de una linda jovencita. Tendría unos veinticinco años aproximadamente. Quizá un poco más, quizá un poco menos. No lo sé. En el Facebook pocas veces las mujeres, en especial las mayores, dejan activada la opción de ver sus fechas de nacimiento.
En fin, como decía, en la foto la tal Sofía se veía linda. De cabellos rizados. Ojos negros. Rostro marcadamente latino, de piel canela. Cuerpo sinuoso. Cintura apretada. Bonitas piernas. Es decir, todo en ella era hermoso. Se la veía sentada en un confortable sofá de cuero marrón que contrastaba con la ropa que llevaba puesta: un polito blanco ceñido a su cuerpo de diosa y un pantalón vaquero celeste que se ajustaba febrilmente a su esbelta figura. Y calzaba botas de cuero marrón que hacía juego con el mueble.
¡Ay, Sofía, Sofía, qué bella eres!, exclamé aquella vez, y sin pensarlo dos veces presioné con entusiasmo el pequeño botón de mi smartphone e hice clic en “CONFIRMAR”. Es decir, la acepté como amiga. Segundos después comenté su foto del perfil con una frase muy sosa, cursi, pero sutil a la vez: “Sofía, eres la chica más linda que he visto en el Facebook. Saludos”.
¿Sofía, eres la chica más linda del Facebook? ¿Qué era eso? Esa frase la podría haber escrito cualquier otra persona, pero yo, como escritor, debí haber escrito algo más elaborado, poético o qué sé yo. Sin embargo, escribí solo eso.
Ella tardó dos días en responder mi comentario. Dos angustiosos días para mí, que esperé con ansias una respuesta suya. Pero la espera valió la pena. La jovencita de cuerpo exuberante respondió así mi comentario: “Graxias amio. Besitos. Tamos en xtcto”.
Su respuesta, por la manera de cómo escribió, me causó mucha gracia y robó a mi rostro una sonrisa. Era de esperarse, todavía era una muchachita y estaba con toda esa onda del idioma del Facebook, alguien que como yo, quien ya pasó la barrera de los treinta, poco o nada sé de ese nuevo ciberlenguaje.
Ah, me olvidaba en decir que no sólo yo había comentado sus fotos, sino un considerable número de sus amigos virtuales. Lo más curioso era que muchos de ellos tenían apellidos divertidos —y a la vez sugestivos—, entre los que puedo mencionar: Renzo Cacho, Juan Concha, Julio Bocanegra, Joseph Inga. Algunos agregaban a sus nombres apellidos inventados, por ejemplo: Jorge Te Hace Un Hijo, Oscar El Salvaje, entre otros.
Y justamente eran ellos, que —haciendo honor a sus apellidos, creo—comentaban las fotos de mi nueva amiga de una forma burda e incluso lindando con la falta de respeto. Por ejemplo, Renzo Cacho comentaba: “Sofía tas rica mamaxita yamame. my selu es 969696969”. Juan Concha escribió: “Ta ke tal cuerpaaaaso. Kyero verte”. Joseph Inga agregó: “Me gustas muxo. Kyero ke seas mya. Te deseo. Tas rika”. Pero el más avezado de todos ellos era Jorge Te Hace Un Hijo, que osadamente escribió: “Amorciiiitooo. Tas como me lo recomendó el doctor. Ay que vernos. Te invito al hostal El Ampay. Keda x PRO. Tu diras. Te hago un hijo o no??????”.
Claro que también había otros que vertían comentarios patéticos, como por ejemplo Juan Inocencio, quien rogaba. “Sofía, por la foto se nota que eres una chica sincera y de buenos sentimientos. Escríbeme. Estoy solo. Mi enamorada me dejó por otro. Estoy deprimido. Necesito compañía. ¡Necesito amor! Mi correo es juaninocencio_28@hotmail.com”.
¿Acaso por medio de una foto alguien puede advertir que una persona tenga o no buenos sentimientos? No hay duda de que en el Facebook existe un monto de gente que escribe tonterías. Sin embargo, algo que noté fue que Sofía nunca había respondido a ninguno de esos comentarios, solo el mío. Y eso era bueno. ¡Muy bueno! Claro que tampoco había eliminado dichos comentarios. Algo que no entendí por qué. Quizás no sabía cómo hacerlo —aunque lo dudo— o quién sabe qué.
Aquella fue la única vez que comenté una foto suya. Decidí, más bien, escribirle mensajes. Pues llegué a la conclusión de que mi comentario, a lado de los otros, parecía una rosa entre cardos y espinas. Aunque en realidad, más se parecía a una rosa entre pistolas.
Y le escribí no una, sino mucha veces. Sin embargo, no voy a contar los detalles de cómo fue que iniciamos una linda amistad y luego un romance virtual, porque esto no es un cuento, menos una novela. Solo un montón de frases que a lo mucho se acercan a una crónica o a un artículo. De modo tal que esos detalles los dejo a su imaginación.
Sólo voy a contarles que, cuatro meses después de que empezamos a escribirnos, intercambiar fotos y enviarnos mails, ella me propuso vernos. Algo que en ese tiempo me era difícil complacer, pues había un detalle que no le había dado a conocer a Sofía. No le dije que en todo ese tiempo en que estuvimos escribiéndonos, incluso meses antes, yo me encontraba postrado en cama tras una delicada operación. Que no podía sentarme ni caminar, y que quizá nunca lo haría. Tampoco le dije que me conectaba al Facebook a través de mi celular, una Nokia E5, y no de una PC.
Pero ante la insistencia de Sofía de conocernos en persona, no tuve más remedio que contarle la verdad. Le dije lo que me había ocurrido, con lujos y detalles. Ella, desde luego, no me creyó. Pensó que no quería verla, y que en todo este tiempo había estado jugando con sus sentimientos. Pensó que todavía seguía casado (le había comentado de que era separado) y que, aún más, tenía hijos.
Yo le dije que no le había puesto al tanto sobre mi salud porque no quería infundirle pena ni lástima. Tuve que ser muy convincente para que ella me creyera. Al final lo hizo. Es más, quiso venir a mi casa, desde Lima, a visitarme. Yo me negué. Le dije que no. Que no quería que me viera así. No sé cómo pero un día me levantaría de esta maldita cama y que cuando estuviera recuperado, recién nos veríamos. Ella aceptó. Con remilgos, pero aceptó.
A pesar de todo eso, intuí que en el fondo Sofía seguía creyendo que mi enfermedad era una mentira. No obstante, continuamos con nuestra amistad vía Facebook. Ella conectada desde su laptop; y yo, desde mi Smartphone. Desde mi casa. Desde mi cama.
Fue por esos días que un amigo de Lima, líder de una banda de rock, propició un concierto a favor de mi salud resquebrajada. Ella, al enterarse de eso, me escribió lo siguiente: “Perdóname por no haberte creído completamente sobre tu salud —ya había mejorado su lenguaje—. Solo espero que Dios te bendiga y te sanes pronto para vernos. Te kiero muxooo… —volvió a su lenguaje habitual que usa en la red social—. Solo pienso en ti. Quisiera ir a verte, pero respeto tu decisión y sé que un día nos veremos. Le rezare a la virgencita por ti. Besos”.
Sus rezos, los de mi madre, los de mi familia y los míos, surtieron efecto, creo yo, más que las terapias y las propias medicinas, pues ocho meses después de estar postrado en cama, poco a poco, contra todo pronóstico, comencé a caminar. Lentamente al principio, apoyado en un bastón. Después ya sin él.
En los momentos en que escribo estas líneas, todavía tengo dolores, pero no tantos como antes, sino, más bien, tolerables. Y han pasado ya poco más de tres meses que me he recuperado casi en un 70%. Así que después de conocernos por casi un año y haber iniciado un romance virtual, ya estoy listo y he aceptado la propuesta de Sofía: conocernos en persona.
Y aquí estoy, acomodado en un asiento del bus que va a Lima. Estamos entrando a Pasamayo. Por el lado derecho diviso las místicas construcciones de los Krishnas, situadas al lado de la playa de Chacraymar, donde las olas golpetean con ímpetu las grises rocas y algunas gaviotas sobrevuelan alegremente el mar del Grau heroico y glorioso.
Al ver las ondulantes olas, pienso en las curvas de Sofía. Hermosa ella. Radiante, esbelta, de cuerpo exuberante y que, dentro de pocas horas, la veré en persona. Disfrutaré de su presencia, de su compañía y quién sabe, por qué no, al llegar la noche ella podría ser mía. Completamente mía.

lunes 14 de noviembre de 2011

I Encuentro Nacional de Escritores en Huaral “José María Arguedas”

La asociación de escritores Huaralinos (AEH) realizó el I Encuentro Nacional de Escritores en Huaral, denominado “José María Arguedas”. Actividad cultural que se realizó con éxito los días 11 y 12 de noviembre en el auditorio de la I.E. Pública “Nuestra Señora del Carmen”.
Huaral, de esta manera, fue el centro de la noticia a nivel nacional, ya que muchos medios de comunicación de la capital y de provincias, informaron y siguieron atentos el desarrollo del evento.
La inauguración estuvo a cargo del poeta Américo Tafur Rivera; la directora de la UGEL 10 de Huaral, Lic. Marleny Welson Valencia; la directora de la I.E. Púb. “Nuestra Señora del Carmen”, Lic. Gavi Pardo Paredes y del presidente de la Asociación de Escritores Huaralinos, el escritor Julián Rodríguez.
En el encuentro de escritores se realizó ponencias y presentaciones de libros, con la participación de los más connotados narradores y poetas de la literatura peruana contemporánea como Maynor Freyre, Miguel Ildefonso, Luis Yáñez, Cronwell Jara Jiménez, Roger Antón Fabián, Ricardo Vírhuez Villafane, Ricardo Ayllón, Javier Garvich Rebatta, Julio Meza Díaz, Carlos Enrique Saldivar, Jack Flores Vega, Cecilia Granadino, Fernando Carrasco Núñez y Jorge Tirado Gálvez.
El encuentro tuvo una amplia acogida, pues asistieron un gran número de personas entre docentes, escolares, universitarios y público en general.
Después de la clausura los escritores tuvieron un almuerzo de camaradería en el Fundo Campestre “Fuerte Pachacutec” donde degustaron lo mejor de la comida huaralina.
“Nuestra objetivo fue colocar a nuestra querida provincia en el mapa literario peruano, así como también el de incentivar la cultura, sobre todo la literatura, en nuestra población. Y eso se logró gracias a este evento”, indicó el escritor Julián Rodríguez, artífice de este magno encuentro. “Asimismo, no se hubiera realizado sin el apoyo de nuestros auspiciadores y a quienes, en nombre de la asociación, agradezco. Tales como UGEL 10, El Rancho Robertín, Restaurante Sabor y Punto, Chicharronería Papita Moreno, Thiagos, Hotel Ivancino, Hotel Aquarium’s, Libreria el Profe, Libreria Sunny, Liberia Koki, Vida Music, Colegio Nuestra Señora del Carmen, Colegio Hogar Infantil, Academia Acsitec, Colegio Newton, Astral TV, Cable Norte, Radio Onda Hit, Pollería Gran Chiken, Discoteca CasaVieja, Cooperativa San Isidro, Dr. Ramos Casazola, Dr. Roger Tamayo, Estética Norma, entre otros”, dijo finalmente.



Fuente: Periódico El Observador.

jueves 10 de noviembre de 2011

Presentación oficial de la novela TRAGEDIA EN LOS ANDES

El viernes 14 de octubre presenté mi novela Tragedia en los Andes en La casa de la Literatura Peruana. Comentaro mi obra literario Maynor Freyre, Ricardo González Vigil Reátegui y Germán Mesías. A continuación transcribo una nota publicada por RPP Noticias:

Escritor Julián Rodríguez presenta Tragedia en los Andes.

El escritor peruano Julián Rodríguez presentó su última producción literaria Tragedia en los Andes, en una ceremonia realizada en la Casa de la Literatura Peruana.

La presentación tuvo, además, la presencia de los críticos literarios Maynor Freyre y Ricardo Gonzáles Vigil Reátegui. Asimismo, dieron su apreciación de la obra, poetas e historiadores.

“Es un novela corta muy interesante”, señaló el periodista Maynor Freyre, quien quedó asombrado de la evolución que ha tenido Rodríguez, desde su anterior publicación, El temerario.

El también hombre de prensa, Ricardo Gonzáles Vigil destacó la versatilidad de Julián Rodríguez y la solvencia con la que escribe.

Julián Rodríguez es un escritor que pertenece a la literatura contemporánea, aquella influenciada por la migración masiva del campo a la ciudad y el consecuente desarrollo urbano.

Su narrativa es, por tanto, de carácter urbano, aunque en su último trabajo literario Tragedia en los Andes existe una mezcla de indigenismo.

La última novela de este novelista peruano se encuentra disponible en las librerías San Cristobal (Jr. Camaná 1039 – Centro de Lima), Época (Jr. De la Unión 1072 – a ½ cuadra del Plaza San Martín) y Contracultura (Av. Larco 986 - Miraflores).


Fuente: RPP Noticias.


FOTOS DE LA PRESENTACIÓN

miércoles 19 de octubre de 2011

Ladrón de amor

Hoy, después de mucho tiempo —¿cuánto? ¿15 años? Sí, creo que sí—, gracias a la magia del Facebook pude verte, aunque sea en fotos. Y mi mente evocó esos días bucólicos que fueron nuestros. Qué días tan bellos, ¿no? ¿Fuimos felices? ¡Sí, claro que lo fuimos! Corriendo por las playas del Puerto acariciados por la deliciosa brisa marina. Caminando por los verdes campos de nuestro valle pastoril, cogidos de las manos por esos días del estío. Volando abrazados en nuestros locos sueños. Levitando de felicidad y henchidos de alegría. Con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en nuestros rostros tiernos. Besándonos y entregándonos bajo la Luna, abrigados por un fastuoso manto de estrellas (aunque todavía éramos casi niños), de tal forma como si en ese instante se nos fuese la vida.

Sin embargo, por esas cosas del destino y por terceras personas, lo nuestro acabó de una forma que yo nunca hubiese querido. Y me odiaste al principio creyéndome un vil, mentiroso, traidor, canalla. Y lloraste mucho. Sufriste. No sabes cuánto lo siento por esas lágrimas perspicuas que vertiste en tu lecho, muchas noches, por, supuestamente, “mi culpa”.

¿Y yo…? ¿Yo? ¡Mmm…! Qué te puedo decir. Si por ese entonces mi presencia se convirtió en algo negativo para ti y me condenaste a tu desprecio y a no sentir ya tu aliento, no acariciar el paraíso de tu cuerpo y, sobre todo, a no rozar con mis labios tus labios purpúreos. Algo que tanto me gustaba hacer. Porque besarte para mí era como arañar el cielo. Como beber, cual sediento errante, de un afrodisiaco oasis de un desierto eterno. Dicen que los hombres no deben llorar. ¡No es de machos!, me enseñó mi padre de niño. Pero yo… Qué te puedo decir. Si te amaba tanto, más que a mi propia vida. Tanto así que, incluso, cuando me repudiaste y hablaste mal de mí dejándote llevar por esas calumnias infundadas, y cuando también todos los de tu entorno lo hicieron, incitándote a odiarme, decidí no decir nada por amor a ti. Para no perturbarte. Ya que entendí que cada vez que trataba de hablar contigo y explicarte la verdad, sin querer, te lastimaba aún más, porque para entonces mis palabras se habían convertido para ti en dardos venenosos, pues habías dejado ya de confiar en mí. Por eso callé. Repito, por amor a ti. Y preferí sufrir yo que verte sufrir. Y si mi presencia te inducía a un pozo depresivo y a la amargura, concluí que era mejor alejarme de ti y a no decir ya nada. “El que calla otorga”, dijeron entonces. Y así me convertí en una nociva sombra en tu existencia. En el maldito nombre que te rehusarte a mencionar. Sobre todo, me condenaste a ser el peor de tus recuerdos.

Pero después de algunos años entendiste que fuimos víctimas de una vil conspiración y que yo era inocente de todos esos embustes que inventaron y vertieron en contra mía, mas fue muy tarde ya. El amor, ese hermoso amor que nos profesamos una vez bajo la sombra de un manzano, allá en los verdes campos de nuestro valle idílico, ya desfallecía.

Sigues igual, sabes. Igual que ayer. Hermosa. Radiante. Esplendorosa. Y eso que ya tienes tres hermosos hijos (salieron a la madre, claro). No voy a escribir tu nombre por respeto a ellos y a tu esposo. No obstante, sería mezquino negar que al verte otra vez mi corazón galopó por ti alegremente en el hipódromo de mi pecho. Tampoco te voy a AGREGAR como AMIGOS para no incomodarte. Sin embargo, permíteme dedicarte aquella nostálgica canción, la que siempre oías —eso me lo contó tu prima— cuando creías que yo era un hombre vil, mentiroso, traicionero, canalla, un rastrero LADRÓN DE AMOR. La misma canción que yo también adopté como mía y empecé a oír por esos años —con el corazón hecho pedazos y con lágrimas de “macho” empequeñecido—, quizás para compartir contigo el sufrimiento por nuestro amor marchito. Hasta la vista. Que Dios siempre te bendiga y que seas inmensamente feliz. Es un sincero deseo que brota desde el fondo de mi alma. Un abrazo.

P.D. Sabes, pensándolo bien, creo que a pesar de los años aún te sigo amando.


jueves 13 de octubre de 2011

La tragedia andina de Julián Rodríguez

Por Jack Flore Vega.


La primera impresión que he tenido al empezar a leer la novela de Julián Rodríguez, Tragedia en los Andes, es de sorpresa. Sorpresa porque la facilidad que uno encuentra para leer es placentera. Uno no despega los ojos de la página. Claro, esto también se debe a la pericia, a la habilidad del autor para empezar la novela. Y este principio de novela es con el diálogo y, a través de él, introduce el conflicto.
Cito:

-No, Rufino, ni un día más. Ni un día más. ¡Ni un día más!
-Por piedad, deme un mes más, solo un mes más, por favor.
-No, no, no. Además el pagaré se venció hace tres semanas. Has tenido bastante tiempo para cancelarme la deuda y no estoy dispuesto a esperar otro día más.
Fin de cita.

Y con respecto a este comienzo, que dicho sea de paso es un buen comienzo, pues lo hace con los diálogos, y metiendo al lector en el problema, hay algo que decir. Muchas veces se ha dicho que empezar bien una novela o un cuento es tenerlo medio o media acabada. También se dice que una novela que empieza bien, casi siempre termina bien. Recordemos algunos principios memorables de obras, literarias. Como la de El Quijote, por ejemplo: En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,... ¡Ingenioso!, es uno de lo principios más memorables de novela; O ese otro principio de novela del premio Nobel colombiano Cien años de Soledad: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro… ¡Emocionante! ¡Un principio que arrastra!
Y es que una de las claves de una buena obra literaria es un buen principio; empezar bien una obra, he allí el detalle.

Pero al margen de esto, lo que me llama también la atención, y me agrada mucho, es la prosa. La manera que tiene su autor para escribir. Una manera limpia. No hay palabras sueltas. Todas las palabras están apegadas al hecho. Miren como el autor nombra a los personajes:

“Florcita, como toda muchacha curiosa, estaba apostada a un costado de la ventana oyendo la conversación que sostenía su padre con aquel viejo cruel.”

O esta otra:

“Gonzalo rivera era un anciano de carácter hosco y rostro adusto. Alto y de un físico que hacia suponer que en su juventud había sido un hombre fuerte y corpulento.”

Una más:

“Rufino Gómez era un hombre humilde, hogareño y trabajador. Obstinado y machista, eso si, como la mayoría de los hombres por ese entonces, pero amaba a su familia.”

El narrador no necesita detenerse en los personajes para decir algunos rasgos. Sino, conforme va contando va dando unas pinceladas, algunas características de los personajes de la novela. Sorprende también el ritmo pausado de la prosa. No es una prosa trepidante, que corre, que arrastra. No. En realidad, no lo necesita, el arrastre esta en la historia misma que va contando.

Otra impresión tiene que ver con la historia. Si uno echa una mirada por la historia de la literatura peruana se va a encontrar con el tema del gamonal, el hacendado que explota a sus trabajadores, la autoridad que abusa del indígena. Este tema esta en la corriente indigenista. Y tiene entre sus cultores a Ventura García calderón, López Albujar, Clorinda Matto de Turner, y va a alcanzar su plenitud con Ciro Alegría y José María Arguedas. Pero el tema de esta novela, Tragedia en los Andes, no es solo de un abuso. Hay que tener en cuenta que la persona que adeuda y no puede pagar al hacendado prestamista, en este caso, el campesino empobrecido, no lo es a causa del abuso del prestamista y ricachón, ni hay la codicia de las tierras del campesino, sino que el origen de su desgracia tiene relación con un evento sobrenatural. Y esto ya rompe con el tema del indigenismo.

El año pasado estuve en Chiclayo y tuve la oportunidad de conocer a un escritor de la sierra norte, el escritor Max Xuxe. Su novela es de corte indigenista -lo digo por el estilo-, pero no lo es por el tema tradicional del indigenismo, el campesino que sufre el abuso del hacendado, sino que su novela va más por los valores, la astucia del personaje, un niño campesino. Una buena novela. Pero lo que a mi me da que pensar con estas novelas, es que se esta produciendo una nueva corriente indigenista, con distintos temas. Ya no con la temática del abuso del hacendado por las tierras del campesino, sino con otras tendencias. Y pienso que esto es así porque la realidad del Perú ha cambiado. Ya no es la misma realidad de los años 60 o 70. La realidad social y política de la sierra, del campesino ha cambiado.

Valga este paréntesis para regresar a la novela Tragedia en los Andes y decir algo respecto a los personajes. Su manera de hablar, de expresarse de un personaje del ande, con la peculiaridad y el tono propio del andino, apenas si se encuentra en uno de ellos, una anciana:

“Shhht, silinciu –susurro la ancianita, enojada…-rispitin la prucisiun.”

Después no hay más. Los personajes siguen con su hablar costeño, por decirlo de un modo. Sin el hablar típico de la gente del ande. Esta es otra diferencia con la corriente indigenista tradicional.
Otra impresión también, tiene con ver con la estructura de la obra. No es una obra que tiene un desarrollo lineal, sino que tiene cortes en el tiempo. Esto no es una novedad. La novela moderna tiene muchos cortes, cortes de tiempo y de espacio, del nivel de realidad. Ahora se apuesta mucho por la novela totalizadora. Que abarque distintos espacios y distintas épocas. Hay novelas que se desarrollan en un día, en un minuto. Para esto los autores se sirven de distintas técnicas. Lo que sorprende aquí, en Tragedia en los Andes, es que los cortes, el autor lo hace de una manera tradicional. No hay el recuerdo de un personaje que nos lleva a una época pasada, ni el surgimiento repentino en el presente de un hecho del pasado, usando la técnica del flashback o el racconto. Sin embargo, los cortes que hace el autor son de tal manera que no desmejoran la historia. Al contrario, todo esta tan bien hilvanado que la ausencia de técnicas modernas que se emplea ahora, no son necesarios. Esto es un logro también del autor. Y una moraleja: para ser un buen escritor hay que saber contar una historia. ¿Cómo la cuentas? Ahí esta el detalle. No importa si te ubicas en el pasado, en el futuro, o en el presente, si utilizas uno o muchos personajes. Lo importante es que tu historia esté bien narrada. Miremos en esta novela, los cortes que tiene:

“Dos años y medio antes de la peculiar propuesta que le hiciera Gonzalo Rivera a Rufino Gómez, exactamente el 22 de marzo de 1967, un día miércoles, a eso de las 5:30 de la tarde, aconteció en Yungay un hecho sin precedentes.”

Es el primer corte que hace.

“El 21 de julio de 1969, cuando el estadounidense Neil Armstrong (comandante de la misión lunar Apolo 11) se convertía en el primer hombre en pisar la luna, Luisa, la dulce quinceañera, amiga de Flor Gómez, e hija única de los esposos Villón, desapareció misteriosamente del pueblo.”

Es el segundo corte.
“Antonio Molina había dejado su ciudad natal, Madrid, para enrumbarse al nuevo mundo…”
El tercer corte. Y va a unir todo manteniéndonos con la curiosidad de los hechos.
Y esto me recuerda una frase muy conocida de unos políticos chinos: no importa de qué color sea el gato, lo que importa es que cace ratones.
Y la manera como Julián Rodríguez ha estructurado su obra nos caza, coge nuestro interés y nos regala una maravillosa ficción.
Por ultimo, me sorprende las dotes de investigador de Julián Rodríguez para escribir su obra. No nos cuenta solo la tragedia de un campesino adeudado, sino también la tragedia de un pueblo: Yungay. Para aquellos que nunca han escuchado o se han informado poco de la desaparición de este pueblo –y yo me incluyo-, aquí van a encontrar datos, hechos, hermosamente ficcionados, que nos va a acercar y sensibilizar con la desgracia de este suceso. Yungay es la tragedia histórica incorporada a la ficción, a la literatura. Y también van a encontrar otro hecho, para los que gustan del futbol –y una vez más yo me incluyo-, es el mundial de futbol de México 70, con Cubillas, Chumpitaz, Gallardo y el triunfo peruano de 3 a 2 sobre Bulgaria. Y hay otros datos más.

Pero no voy a explayarme más sobre la novela. Solo quiero agregar que de nada serviría poner distintos hechos en una novela si no se logra el propósito principal del autor: escribir una obra bella. Un escritor es aquel que escribe una obra, pero, sobretodo, tiene que ser un creador. Tiene que agregar cosas de su imaginación, de su fantasía, ordenar todos los hechos, trabajar con la palabra. Hacer de todo eso algo bello. Y la novela Tragedia en los Andes, que presentamos ahora, tiene esa cualidad: es una obra bella. Ustedes, amigos lectores, al terminar la obra, van a sentir esa belleza y esa magia creativa de Julián Rodríguez.

Felicito una vez más a Julián Rodríguez por su obra y por el honor que me ha concedido al presentarla. Muchas gracias.


Jack Flores Vega

Lima, 06 de septiembre de 2011

lunes 19 de septiembre de 2011

Luna caliente, la trepidante novela de Mempo Giardinelli

“Sabía que iba a pasar; lo supo en cuanto la vio. Hacía muchos años que no volvía al Chaco y en medio de tantas emociones por los reencuentros, Araceli fue un deslumbramiento. Tenía el pelo negro, largo, grueso, y un flequillo altivo que enmarcaba perfectamente su cara delgada, modiglianesca, en la que resaltaban sus ojos oscurísimos, brillantes, de mirada lánguida pero astuta. Flaca y de piernas muy largas, parecía a la vez orgullosa y azorada por esos pechitos que empezaban a explotarle bajo la blusa blanca”.

Así comienza Luna caliente, una novela de Mempo Giardinelli (El Chaco, Argentina, 1947), prominente miembro del llamado post-boom.

En Luna caliente, Ramiro Bernárdez luego de una larga estadía en Paris, regresa al Chaco, su ciudad natal, y allí se topará con la jovial sensualidad de Araceli Tennembaun, una bella adolescente, casi una niña, provista de una irresistible piel dorada y dueña de un incontrolable erotismo, convergida al calor sofocante de aquella provincia argentina.

Hechizado por la beldad de Araceli, Ramiro, bajo una luna caliente (símbolo propiciatorio de sus encuentro con la doncella), se dejará arrastrar por una pasión incontrolable, casi lindando con la locura, tanto así que lo llevará a la destrucción de su prominente futuro profesional, la de su familia, e incluso la irreversible pérdida de sí mismo.

Luna caliente es una novela trepidante, que se aleja de lo cánones trillados del realismo urbano y de lo real maravilloso, y transforma sus personajes en seres que luchan por no cruzar la línea que separa la civilización de la barbarie.

En ésta, su novela corta, pero gigante en contenido literario, Mempo Giardinelli hilvana admirablemente los hilos que tejen las pasiones humanas de sus atormentados personajes, con un relato vertiginoso vertiginoso, audaz y violento entremezclando el deseo, el erotismo, el remordimiento, el sentimiento de culpa, el miedo y la angustia. Una narración en que, a modo de pesadilla obsesiva y delirante, descubre los hilos que mueven las pasiones y los rincones más oscuros de la naturaleza humana. Imposible no leerla.

Julián Rodríguez

jueves 25 de agosto de 2011

Américo Tafur Rivera, un vate chancayano entre los mejores poetas del 2011

El poeta chancayano Américo Tafur Rivera se presentó exitosamente el pasado 21 de julio en la velada poética “CULTURA VIVA PARA LA NUEVA LIMA”, el cual se realizó en la Plaza San Martín.

Américo, socio activo de la Asociación de Escritores Huaralinos, participó al lado de 5 poetas más, entre los que se encontraban Antonio Silva García, Roberto Ardiola y el decimista Escardó. Todos ellos convocados por la alcaldesa Susana Villarán y La Casa de la Literatura Peruana. El magno evento, que gozó de una inmensa acogida, fue auspiciado por el INC y la Municipalidad Metropolitana de Lima y tuvo como invitada internacional a la poetisa chilena Mavi Márquez Alcalde, quien fungió como monitora de la gala.

El talentoso poeta declamó tres de sus poemas, los mismos que fueron motivos de su convocatoria: Machu Picchu, un canto a la Maravilla Universal; Todas las sangres, homenaje a Arguedas y Un poema de amor.

Américo es un poeta que con su poesía traslada al lenguaje su experiencia humana, emocional y sensualmente significativa. Sus poemas abarcan desde la lírica amorosa hasta elaboradas elegías. Expresa, también, un sentimiento intenso o una profunda reflexión, ambas ideas, como manifestaciones de la experiencia del Yo.

Como se sabe, Américo Tafur Rivera publicó el año pasado su hermoso poemario Cantares al amor y a la vida, que fue presentado apoteósicamente en La Casa De La Literatura Peruana. Aquella vez, sus poesías remecieron la literatura capitalina y los comentarios no se hicieron llegar y muchos críticos literarios alabaron el trabajo de Américo.

Aquí uno de sus poemas:

Todas Las Sangres
(Poesía en homenaje a Arguedas)

Indomable como el eco de tus montañas,
Impetuosos como el mar que entona tu canción,
canto de zorzales recuerdan tus versos,
El anhelo de tus sueños volvemos a contar.

Peruano de barro, de bronce y acero.
Hoy indios y cholos como tus memorias perdidas,
despiertan imponentes latiendo tu misma sangre,
retoman las sendas de tu inca indomable.

Perpetúas como el grito de tus ríos profundos,
viajan hacia los andes de tus sueños eternos.
Para oler el barro de tus pasos perdidos,
Y beber del agua de tu puquial ardiente.

No ha muerto amigos no ha muerto hermanos,
Porque somos peruanos, somos todas las sangres.
Su sangre su sueños, su eterna agonía,
late en nuestro ser, corre por nuestras venas.

No ha muerto hermanos, no ha muerto peruanos,
Su aguda tristeza, su sol, sus lluvias tristes.
De los andes, de los indios, de nuestras razas,
hoy despiertan, el fuego de su eterno deseo.

No ha muerto hermanos, ¡Arguedas no ha muerto!
Porque somos hermanos, porque aun estamos vivos.
Para contar su sueño, para avivar su fuego,
El fuego eterno ¡de su amor por el Perú!



Américo Tafur Rivera, la poetisa chilena Mavi Márquez Alcalde y los poetas partcipantes.

Américo Tafur Rivera en la Casa de la Literatura Peruana (año 2010) presentando su poemario Cantares al amor y a la vida. Evento donde yo iba a ser uno de los presentadores de su libro pero no asistí por motivos de salud.

Julián Rodríguez

miércoles 3 de agosto de 2011

El cementerio de Praga

Los curas… ¿Cómo los conocí? En casa del abuelo, me parece, tengo el recuerdo oscuro de miradas huidizas, dentaduras podridas, alientos pesados, manos sudadas que intentaban acariciarme la nuca. Qué asco. Ociosos, pertenecen a las clases peligrosas, como los ladrones y los vagabundos. Uno se hace cura o fraile sólo para vivir en el ocio, y el ocio lo tienen garantizado por su número. Si hubiera, digamos, uno por cada mil almas, los curas tendrían tantos quehaceres que no podrían estar tumbados a la bartola mientras se echan capones entre pecho y espalda. Y entre los curas más indignos, el gobierno elige a los más estúpidos y los nombra obispos.

Este es sólo un párrafo de la novela El cementerio de Praga. Una novela posmoderna y provocadora que desde el año de su publicación (2010) ha hecho que la Iglesia católica y la comunidad judía se rasguen las vestiduras.

En su novela, Umberto Eco (escritor y profesor universitario italiano mundialmente conocido por su novela El nombre de la rosa y que en 2000 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades), juega con el desdoblamiento de la personalidad del capitán Simonini, un piamontés afincado en París que desde joven se dedica al noble oficio de crear documentos falsos. Estamos en marzo de 1897 pero las memorias de este curioso individuo abarcarán todo el siglo XIX.

Hombre de pocas palabras, misógino y glotón impenitente, el capitán se inspira en los folletines de Dumas y Sue para dar fe de complots inexistentes, fomentar intrigas o difamar a las grandes figuras de la política europea. Caballero sin escrúpulos, Simonini trabaja al servicio del mejor postor: si antes fue el gobierno italiano quien pagó por sus imposturas, luego llegaron los encargos de Francia y Prusia, e incluso Hitler acabaría aprovechándose de sus malvados oficios.

El cementerio de Praga es, a su vez, una novela histórica Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, principalmente en Turín, Sicilia y París, se asiste a distintos momentos de la unificación italiana (conspiraciones carbonarias, expedición de los camisas rojas de Garibaldi) y del Segundo Imperio y la Tercera República franceses (Guerra Franco-Prusiana, Comuna de París, affaire Dreyfus).

La novela tiene como tema central la gestación de documentos falsificados (similares a Los protocolos de los sabios de Sión) que van paulatinamente añadiendo los diferentes elementos de la denominada conspiración judeomasónica como respuesta a distintos intereses y en distintos países a lo largo del siglo XIX.

La novela histórica, género de novela que se caracteriza por la narración de sucesos del pasado lejano. Tiene su origen en el romanticismo y la tendencia de éste a poetizar ambientes y acontecimientos de tiempos pretéritos. Sin embargo, siempre ha sido un tipo de ficción muy discutido, y muchos críticos consideran que no pertenece de hecho a la novela, sino que es una forma de la vulgarización de la historia. No obstante, El cementerio de Praga ha sido escrito con maestría, soltura y total desfachatez, que hacen que el lector se enganche desde sus primeras páginas. Imposible no leerla.

Julián Rodríguez

miércoles 27 de julio de 2011

El temerario y yo

Escribo desde que era niño. Recuerdo que cuando tenía nueve años escribí mi primer cuento, el cual conservo vagamente en mi memoria. Trataba sobre un gran puente colgante que enlazaba la Luna con la Tierra y que sólo por las noches, en un lugar y a una hora indicada, se mostraba a la vista de cualquiera. Por coincidencia o porque así lo quiso el destino, una noche, caminando por aquel lugar y en la hora indicada, el puente se me apareció como un espejismo impresionante e inicié así mi periplo a la luna. Pero la travesía, que duró solo unos minutos, estuvo colmada de innumerables y fascinantes odiseas antes de llegar a mi destino.
No sé cómo ni por qué había imaginado aquella historia, pero, en fin, solamente recuerdo eso de aquel cuento, el cual escribí cuando era solo un niño.
Luego escribí de todo: canciones, poemas, cuentos y novelas. Estos estuvieron plasmados por mucho tiempo en varios papeles ennegrecidos, los cuales guardaba celosamente en los lugares más recónditos de mi habitación. Sin embargo, me he mudado tantas veces que hoy, dichos escritos, se han perdido ya en el horizonte del olvido.
Sólo mis canciones salieron a la luz en una placa discográfica, lo cual ameritó formar parte de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC). No obstante, lo que más me apasiona es escribir cuentos y novelas, y he escrito muchos, mas nunca intenté mostrárselos a nadie, menos aún, presentarlos en algún concurso o quizá publicarlos. Podría decirse que escribía sólo para mí, y que yo era el único lector empedernido de mis propios relatos. Y cada vez que quería leer un cuento o una novela, y no tenía dinero para adquirir alguno, recurría a los anaqueles de mi memoria y cogía uno que yo había escrito, y lo leía en mi mente.
En toda mi vida, una sola vez envié un poema a un concurso que se realizó en mi pueblo. La verdad es que, de aquel poema, únicamente recuerdo el título, pero he olvidado el contenido de sus versos. Entenderás que la memoria es frágil. Mas, gracias a ese poema, me otorgaron un diploma como «Revelación al Poeta 2000».
Después de eso, en el año 2001, el poeta Vladimir Villavicencio publicó cinco de mis poemas junto con los suyos y los de otros poetas del Norte Chico, tales como Jorge Ortiz Dueñas y Jorge Montalvo, en una antología al cual denominó Pinceladas poéticas. Sin embargo, desde esa fecha hasta hoy, sólo he escrito unas cuantas poesías más, pocas, diría yo. Pues, como expresé líneas arriba, lo que más me apasiona es la narrativa, las cuales cojo de mis propias vivencias o de otras personas; aunque la mayoría de las veces, surgen de la nada.
Desde niño, al leer los relatos de César Vallejo, Abraham Valdelomar, y otros magnos escritores, y de grande, al devorar con frenesí las novelas de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez ―a quienes admiro incontrolablemente― pensé que escribir un cuento, o aun más, una novela, solo le correspondía a ciertas mentes privilegiadas, como las de aquellos excelsos escritores. Y cuando pensaba eso, me intimidaba a veces seguir escribiendo. A pesar de ello, continué haciéndolo.
Fue cuando me casé que mostré a alguien por primera vez un relato mío. Titubeante y temeroso, revelé a la que en esa época todavía era mi esposa, una novela que venía escribiendo por las noches, frenéticamente, desde hacía algún tiempo atrás. Ella, al leerla, me motivó a seguir escribiendo, alentándome e inflando mi autoestima de escritor, conminándome a terminar dicha novela.
Fue así que, en el verano de 2007, decidí culminar lo más pronto aquella novela y luego publicarla. Pero antes de hacerlo, tenía que comprobar que mis escritos le gustaran a alguien más, sin contar con mi esposa ―quien había oído mis canciones y leído mis poemas y relatos― ya que para ella todos eran de su agrado. Eso me hizo dudar un poco. Pensé que por el amor que me tenía, todo lo que yo inventaba era bueno para ella. Así se lo hice saber y me comprendió. Coincidimos, entonces, que yo necesitaba una opinión neutral. De tal forma que, juntos, urdimos un plan, el cual consistía en mostrar a otras personas mis relatos sin hacerles saber que yo era el autor. No obstante, a pesar de esos planes y muchos más, por esos días mi matrimonio se vio resquebrajado por problemas fatalmente irremediables. De manera que en diciembre de ese año, mi esposa y yo nos separamos. Y el amor que nos profesamos, el viento del olvido se lo llevó para siempre.
En febrero de 2008, encadenado a una soledad depresiva y atado a los recuerdos, contra todo pronóstico, me sumergí en una catarsis literaria. Como un poseso, hundí mi pluma en el tintero y escribí, de forma compulsiva, un cuento pequeño que nada tenía que ver con la novela que estaba escribiendo, y el cual pensaba publicar. Le puse como título «El duelo». Lo imprimí y le saqué varias copias, las cuales diseminé entre amigos, familiares y algunos escritores. Ellos, después de leerlo, me expresaron que les había gustado el cuento, agregando además críticas positivas a dichos escritos. Por supuesto, sin saber que eran los míos.
Fue por eso que tomé la decisión de hacer un paréntesis en la novela que estaba gestando, para escribir más relatos cortos. Tanto es así que en cinco meses febriles, en mis noches de insomnio, hundido en mi cubil, ermitaño como alma en pena, escribí cinco cuentos inéditos que aún conservaba en el baúl de mis recuerdos. Los mismos que compilé en un solo libro, el cual titulé El temerario, en alusión a uno de los cuentos de la obra que lleva el mismo nombre. El libro se publicó ese mismo año por Pauling Editores y en el año 2009 la Editorial San Marcos la publicó por segunda vez, de una forma masiva y la obra fue acogida con regocijo a nivel nacional por los lectores y actualmente es usada, mayormente, para el curso de Plan Lector.
El temerario es el libro que hasta el momento me ha traído cuantiosas alegrías y gracias a él he conocido a muchos escritores, lectores y también adolescentes escolares de distintos lugares que aprecian mi trabajo literario, lo cual me da fuerzas para seguir escribiendo. Este año, con nueva carátula, El temerario acaba de ser publicado por tercera vez, ahora por la Editorial QILQANA, una nueva casa editora que ya se está dando a conocer en el ambiente literario.

domingo 24 de julio de 2011

Presentación de los libros Hoy, mañana y ayer y El temerario (3ra edición)

El viernes 15 de julio se presentó, en el Salón de Actos Túpac Amaru de la Municipalidad Provincial de Huaral, el poemario Hoy, mañana y ayer del médico, escritor y poeta Manuel Gonzales Saldaña, y la tercera edición de mi libro de cuentos El temerario.
El comentario del poemario Hoy, mañana y ayer estuvo a cargo del poeta Vladimir Villavicencio Angulo. Y el escritor Rafael Alvarado castillo realizó los comentarios de mi libro El temerario.
En el evento, que fue organizado por la Asociación de Escritores Huaralinos, se hicieron presentes un importante grupo de alumnos, docentes, periodistas, autoridades y otras personas amantes de la literatura, quienes llenaron a plenitud el recinto municipal.
Asimismo, entre los invitados estuvieron el Ing. Ricardo Chavarría Oria (Gerente General de Cable Norte) y los escritores Jack Flores Vega y Jorge Tirado Gálvez, quienes vinieron desde la capital para presenciar la velada literaria.

Aquí algunas fotos del día del evento.